Cuaderno de bitácora, día 45 desde mi llegada a estas tierras. Siempre había querido empezar una entrada diciendo “Cuaderno de bitácora …”. No sé si es algo realmente tan gracioso como a mi me parece o es simplemente que, por fin, he empezado a perder el juicio. La carencia prolongada de hispanitium en mi entorno comienza a pasar factura. De momento, me encuentro con que las peculiares costumbres alimenticias de los nativos han dejado de resultarme divertidas. La décima vez que intentas cocinarte algo que sabes hacer (por ejemplo, lentejas) y no eres capaz de encontrar un ingrediente (por ejemplo, chorizo) ya no te hace ni puta gracia.
No creo que haga falta rememorar todos los estereotipos sobre la alimentación de este país. Tampoco hará falta decir que como estereotipos que son, están parcialmente equivocados. El problema es que la explicación que yo asumía sobre el origen de la comida rápida y demás leyendas ha resultado ser demasiado optimista. Creía que si la gente estaba acostumbrada a coger su comida en los puestos de la calle, esto se debía a un ritmo de vida distinto, que no considera que una comida más elaborada merezca la pena por la inversión de tiempo adicional necesaria. La experiencia me ha demostrado que la causa no es un razonamiento tan complejo. Es, sencillamente, que lo que comen les suda la polla.
Es un mito recurrente que los supermercados de aqui tienen una variedad de alimentos muy superior. Pensando en esto, uno se esperaria encontrar algo parecido a la variedad de pescados de la plaza de abastos de Madrid, de la que se dice ser la mejor lonja del mundo por estar surtida de capturas de todas las costas de la península. Nada más lejos de la realidad. En lo único que los supermercados de aqui son excelentes es en la variedad de mierda, mientras que los productos frescos brillan por su mediocridad. Se puede encontrar patatas, ternera, pollo, lechuga, cebolla, tomates, etc… como en todas partes, pero poco o nada fuera de lo básico, y desde luego no hay nada en ese pasillo para hacer honor al mito.
Porque ese es el punto: un supermercado de 8 pasillos dedica 1 a productos frescos, mientras que los demás lucen hileras sin fin de bebidas azucaradas, doritos con sabor a chocolate, kit kat con sabor a jalapeños… en fin, veis por donde voy. Mención aparte merece la sorprendente ausencia de pescados, infrarepresentados por el salmon ahumado y el atún de lata. Y da gracias. Por supuesto, el super no tiene carnicería propia sino que los filetes vienen ya envasados. Ya veis que si sois de los que les gusta “ver como te lo cortan para estar seguro de lo que lleva” aquí pasaríais un mal rato.
All in all, la comida no es escasa o desagradable. Especialmente en el factor geográfico, podeis encontrar ingredientes de origen japonés, jamaicano, chino, mexicano, africano… con lo cual aún con todo uno siente que tiene la oportunidad de probar muchas cosas interesantes y variadas. El problema es, como decía, que les suda la polla. ¿Quieres japonés? Aquí venden sushi. ¿Quieres mexicano? Aquí venden tacos. ¿ero… ¿que hay del resto? Parece como si pensasen que en otros paises solo comen un plato todos los dias. Me resulta triste observar un mercado con tantas influencias internacionales y que sin embargo se queda tan corto ante mis expectativas.
Y no es que no me gusten esos platos, pero tiendo a identificarlo con la saturación de paella en los chiringuitos turisticos de nuestras costas. Lo que me hubiera gustado probar no es la “paella” mexicana, son sus “cocido”, sus “migas”, sus “manitas de cerdo”… Un mercado con un afan internacionalista que se limita a los estereotipos me resulta una cosa inacabada, incompleta… Pero a ellos no parece importarles. Es por esto que he decidido que cometemos un error cuando intentamos explicarles que “arroz con cosas no es paella”, o que en España no comemos quesadillas.
A los de aqui eso les suda la polla, no les preocupa que su comida sea fiel a la alimentacion del pais que dice representar para asi expandir la propia comprensión de los demás; tan solo les importa tener un plato acorde a sus propios gustos y tener un país con que identificarlo a posteriori acorde a sus prejuicios, para no ser conscientes de su propio egocentrismo.
Un par de apuntes, que esto ya va muy largo.
- Primero: Ya sé por qué el aceite de oliva aqui suele venir de Italia, y se considera al español como algo de segunda. Es obvio que una compañía no es una ONG, y ante un mercado asi los vendedores de producto importado, teniendo que elegir entre la fidelidad y la aceptacion del consumidor, no muestran reparos en envasar cosas que en casa nos harian potar y distorsionar el significado de las palabras en el etiquetado. Aceite de Oliva y Girasol en el mismo envase, ¡por Odin, eso en la península seria merecedor de la pena de catapulta!. Todo esto podríais oirlo de la voz de cualquier persona de Jaén, como el amigo que me habló de este problema, pero no es lo mismo que te lo cuenten que verlo con tus propios ojos.
- Segundo: No me he cansado de repetir que les suda la polla lo que comen. Como ejemplo, os mostraré un estante de refrescos del super. De lo que quiero que seais conscientes es de que pocos españoles nos beberiamos la mitad de estas cosas, porque nos resultarian demasiado “empalagosas” (el refresco azucarado de uva y cereza, por ejemplo, sabe exactamente a jarabe). Identifico la carencia del sentido de la “empalagosidad” como uno de los origenes del mal de este pobre pueblo: no solo no les resultan cansinos los productos tremendamente acaramelados (para mis estandares) sino que parecen ser de los mas vendidos (notese que dedican mas estanteria a los refrescos de uva que a la cocacola, implicando que deben tener mayor salida).
En conclusión, la afamada variedad de los supermercados estadounidenses se ciñe a los productos no frescos y es, a lo sumo, de una superficialidad decepcionante. El gusto de estos por los refrescos jarabe, la comida rápida y los platos internacionales-pero-no-tanto-no-vaya-a-ser-que-mis-prejuicios-se-tambaleen se explicaria no tanto por un estilo de vida o un “mal menor aceptado”, sino que da la impresion que realmente les gusta que su comida sea mierda y, aunque pudieran conseguir comida casera con la misma facilidad, seguirían gustando más de platos contundentes y grasientos porque los prefieren sus papilas gustativas.
PD: He buscado como loco una anécdota que leí hace tiempo: Gorbachev visitando EEUU poco antes de la caída del telón y flipando con la variedad y abundancia de las estanterías de un supermercado, pero no he conseguido encontrarla para citarla. Si alguno la conoce, se agradecerá el aporte en los comentario.










