Al fin todas nuestras plegarias fueron escuchadas. En una época en la que las series de televisión salen de debajo de las piedras como churros, algún ejecutivo ha caído de la burra y le han dado a nuestro Steven la oportunidad de reivindicarse. Así es, nuestro action hero ochentero preferido tiene su propio programa de televisión: Steven Seagal Lawman, donde podemos verle combatiendo contra el crimen en las calles de Louisiana.
Desde que tengo uso de razón, uno de los colectivos sobre los que circulan las más variopintas y macabras leyendas urbanas son, sin lugar a dudas, los autoestopistas.
Historias alucinantes y que abarcan desde la del amigo del amigo del primo de uno que una vez cogió a un autoestopista con bigote (para más señas) para ser posteriormente violado por el susodicho bigotudo, hasta la, ya mítica, historia del camionero Ramón, cuando recogió a una señorita autoestopista a la que empezó a meter mano mientras canturreaba su cancioncilla de “Me llamo Ramón y voy en mi camión“, a la que la joven, dejándose sobar, respondía con un elocuente “Me llamo Pascual y voy de carnaval“
Creo que todos estaremos de acuerdo, en que la llegada de los efectos especiales por ordenador le ha dado una nueva dimensión al cine palomitero; de eso no hay duda. Ahora bien, personalmente opino que en lo tocante al maravilloso género que es el cine de acción, la cosa sólo trajo problemas.
Mucho salto imposible, mucha pirueta y mucha coreografía inverosímil para sustituir aquellas maravillosas hostias como panes que tanto nos hacían disfrutar. Porque antes, las escenas de lucha, eran la bomba, cosa que ya hemos comentado en estos lares.
Si es que… ya no se hacen escenas de lucha como las de antes:
William Shatner nació para ser un ídolo; era sólo cuestión de tiempo que llegase a lo más alto.
Igual los más talibanes del lugar os pensásteis el otro día que éramos los típicos linuxeros elitistas que rajábamos de Ubuntu para hacernos los pr0s (sí, he roto mi sagrada norma de no mezclar letras con números a lo L33T; pero el término pr0 así lo demanda). Además, como Sparkster, nuestro Gentoosiasta favorito, nos apoyó abiertamente admito que el cuadro nos quedó muy costumbrista; casi podríamos decir que era un bodegón de talibanes linuxeros.
Nada más lejos de la realidad.