Cafeteras en la oscuridad

Escrito por Himliano, el 02/10/2008 21:38.No hay comentarios.

Hace pocos, pocos años, en una habitación no muy lejana, estábamos mi madre y yo viendo Gran Hermano en la tele. Era un poco tarde ya y la noche era fría; así que mi madre me dijo que me fuese a la cocina para calentar un cazo de leche para tomarnos sendos tazones de leche con galletas e irnos a dormir.

Como el buen hijo que soy, me fui a la cocina y coloqué la leche en el cazo, y el cazo sobre la vitrocerámica. Encendí aquello para que sucediese la magia y me volví por un rato al salón para seguir viendo la tele mientras se calentaba la cena. Al rato, como 3 ó 4 minutos después, se fue la luz. Era el presagio de que algo oscuro se acercaba, o quizás era algo distinto.

- Vaya hombre, justo ahora que estábamos calentando éso va y marcha la luz. Apaga la cafetera y luego baja a subir el automático.

Allá me voy a oscuras hacia la cocina, intentando no ostiarme con nada, totalmente desprevenido sobre la oscuridad que se acercaba.

Nada más abrir la puerta noté un instantáneo picor de ojos a lo bestia, casi como si algún SWAT cabrón hubiese tirado un par de bidones de gas lacrimógeno; ahí fue cuando empecé a pensar que por fuerza tenía que haber algo fuera de lo normal. Entonces fue cuando oí el “pop pop pop pop“; un chisporroteo parecido al que hace la lava de los volcanes en los dibujos animados cuando van a tirar al prota en un volcán. Creo que sobra decir que si estás a oscuras, en una atmósfera biológica y químicamente hóstil, y escuchas lo que podrían ser ruidos de una nueva forma de vida, lo que menos te apetece es dar un paso hacia delante para averiguar lo que ocurre.

En ésas estaba cuando la luz regresó (como se fue, vino) y pude ver… el horror.

La cafetera que teníamos en casa estaba absolutamente desparramada sobre la vitrocerámica, las zonas más externas ya se habían enfriado pasando a ser uno con la vitrocerámica; en la zona central, el plástico seguía en ebullición, lo que me dejó más tranquilo al saber de donde venía el dichoso ruidito. En lo alto de la cocina se acumulaba una nube tóxica de unos 25 cm de altura absolutamente espesa que no dejaba ver el techo (no es coña, ni en un antro repleto de fumadores mal ventilado he visto nada parecido).

Llevarse una buena bronca, 20 minutos; comprar una cafetera nueva, 40 € y 2 h; aprender de forma inolvidable que cuando se pone algo al fuego y hay más cosas en la vitrocerámica hay que asegurarse de que enciendes el hornillo correcto, no tiene precio.

Para todo lo demás, dejad un comentario.

Un saludo.




¿Cómo que no hay comentarios? ¬¬


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