Hace años, en mi niñez, un familiar me contó una leyenda sobre un hombre al que el Emperador de China le habia proporcionado unos barcos gigantescos para la época con el cometido de que explorase el mundo y llevase a China los inventos que se encontrase para que su pueblo pudiese beneficiarse. Cuenta la leyenda que este buen hombre regresó de su viaje muy desilusionado y contó al Emperador:
Mi señor, los mayores descubrimientos ya los hemos realizado. No hay nada fuera de China que pueda mejorar lo que ya tenemos.