Aventuras de un proto-electricista: El polímetro que se bronceó
Damas y caballeros, acuesten a los niños porque el abuelo cebolleta va a arrancarse con una batallita. No es reciente, pero acabo de recordarla.
6 de la tarde, un aburrimiento de tres pares de narices. Las malditas prácticas no se dan acabado y el profesor ya le ha pegado bronca a todas las parejas de prácticas menos a nosotros; el próximo que haga saltar el automático se llevará una buena. Estamos montando un punto de luz simple y toma de corriente; o como se dice en castellano, un portalámparas con una bombilla que alumbre y un enchufe para enchufar cosas normales y corrientes.
Ya está todo montado, sólo falta hacer las mediciones con el polímetro. Así que mi compañero coge el susodicho cacharro y yo empiezo a apuntar los datos y a hacer los cálculos que tendremos que entregar por escrito. Mi compañero y yo (de espaldas a él) entablamos un diálogo:
- ¿Me dejas medir la tensión a mi?
- Sí, pero espera, que quiero ver como lo haces.
- Ni espera ni leches, yo voy a medir ésto.
- Espera, que ya acabo y miro.
- No me hace falta que mires que yo sé como se hace.
- Espera leches, que ya sé que manejas, pero yo no y quiero verlo, joder.
- …
- ¿Tío?
- …
Y justo cuando me doy la vuelta lo veo pasar de mi y conectar el polímetro al cuadro.
PLAS !! Un fogonazo de los que marcan época, como si fuese el flash de una cámara. Mi compañero salta de la silla a la que estaba subido (porque donde había que medir está más o menos a 1,80 m del suelo y el cabrón no le llega); y yo todo acojonado pienso que se acaba de llevar un calambrazo.
Así que voy a ver si está bien. Y vaya si lo estaba, todo acojonado tira con el polímetro y me suelta (más blanco que Andrés Iniesta):
- ¿No querías el polímetro? Ahí lo tienes, yo ya no lo toco más.
El polímetro estaba aparentemente bien, pero las puntas de medida estaban un poco, como decirlo, parecía que las acababan de sumergir en aceite de coche usado. Pero por lo menos el profesor no se había dado cuenta. Así que nos ponemos a revisar el aparato. Encender enciende, pero al conectarlo al cuadro no mide nada, con lo que mi compañero empieza a entrar en trance: Joder, ya me cargué el cacharro ese de los huevos, quien me mandaría a mi…
Y siguiendo así hasta que nos dimos cuenta de que había saltado el interruptor diferencial de nuestro puesto (un interruptor diferencial, para quien no lo sepa, es ese cacharrito que todos tenemos en el cuadro de automáticos de nuestra casa; lo distinguiréis porque además de la palanquita tiene un botón para probar que funciona; su función es evitar que nos quedemos fritos si tocamos un cable o similar)
Total, que lo reponemos y nada, aquello sigue sin funcionar. A todo ésto, hay una peste a plástico quemado que no os podéis imaginar. Además como novedad, el resto de los puestos (unos 9) empiezan a quejarse de que se ha ido la luz. El profesor se levanta sube el automático general del aula y se viene para la zona de los puestos.
Mierda, tío, nos va a echar de clase, joder, que aún estamos en la segunda semana… Si dice algo hablas tú con él
Jódete pepe. Ya me acababa de comer el marrón. El profesor se para en nuestro puesto y empieza a oler, Y el resto de mis compañeros se apartan a lo perro (¿sabéis en los anuncios cuando echan una gota de Fairy en un plato con grasa?, pues igual, pero conmigo en el centro). El tío me echa una mirada y dice:
- ¿Han tenido ustedes un percance?
[Joder, piensa algo, tontolava, que te vas a comer el marrón - me decía mi subconsciente]
- Depende, ¿que entiende usted por percance? [Toma ya, constestación que sólo un gallego puede dar.]
- Me refiero a que parece que han hecho saltar el cuadro general del aula… Pero que cojo… ¿Qué coño le han hecho al polímetro que está todo negro?
Y ahí la cosa ya está jodida, veinte tíos y un profesor te miran pensando si vas a cargar con las culpas como un machote o te vas a chivar a lo perro. Tengo que pensar en una solución y rápido… Ya lo tengo.
Doy un paso a la izquierda, coloco el brazo izquierdo en L y estiro el dedo índice.
- Aquí mi compañero, que ha hecho un corto por no saber usar el polímetro.
Mi compañero flipando; bueno no, eso después, ahora está ocupado llevando una bronca del quince. El resto de los compañeros murmuran: Buah, que cabrón, como vendió al otro chaval…
Sí, lo sé soy un vendido, pero no iba a llevarme una bronca pudiendo evitarlo, más aún cuando le había repetido varias veces que esperase. Aunque estoy de acuerdo en el tema de fondo de que soy un cabrón, que se le va a hacer si pongo mi bienestar por delante del de los demás. Al final, no nos echaron de clase, aunque nos dieron una advertencia. Y hasta la siguiente cagada tuvimos un mes en el que hicimos unas prácticas perfectas por la cuenta que nos tenía.
Explicación científica de lo ocurrido: Un polímetro es como una especie de mando de televisión antiguo con una pantallita que sirve para medir voltajes, intensidades y resistencias eléctricas entre otras magnitudes. Tiene unos cables con los que hay que tocar lo que necesites medir y esos cables van conectados a unos puertos del cacharro. Que pasa, que según lo que quieras medir (en la mayoría de los modelos) tienes que cambiar el cable rojo de puerto.
Ésto es porque, a grandes rasgos, cuando medimos la intensidad de la corriente necesitamos que la corriente pase a través del aparato y para eso usamos un puerto por el que al pasar no encuentra casi resistencia para no introducir error en las medidas. En cambio, si quieres medir un voltaje tienes que usar el puerto para voltaje, que tiene una resistencia muy alta para que la corriente no pase en éste caso por el cacharro y medir el valor correcto (quizás queda un poco abstracto así; pero no quiero aburriros ahora)
Lo que mi compañero hizo, fue medir un voltaje con el cable en el puerto de medición de intensidad. Es decir, en vez de usar una alta resistencia para medir, empleó una entrada con muy poca. Así que cuando tocó el cuadro, el aparato estaba esperando recibir muy poca o ninguna corriente y se la encontró toda. Y como era más de la que podía aguantar petardeó a lo grande; en las puntas se fundió un poco del plástico que las aisla (de ahí las manchas negras en plan aceite).
Así que ya sabéis, si tenéis que medir algo con un polímetro, comprobad lo que estáis haciendo porque no es un juego; mi compañero tuvo suerte y no le pasó nada; pero no siempre se tiene suerte.
Por cierto, el polímetro a día de hoy sigue funcionando perfectamente.
PD: Sobre que lo de que todo el mundo pensase que soy un vendido no os preocupéis, dos meses después me eligieron delegado con todos los votos menos uno (cuando me entere quien se va a cagar xD). Lo que confirma mi teoría de que si tienes cierta labia puedes hacer lo que quieras.
