El Botellón, por un abstemio
- Hola, soy Himliano, y soy abstemio.
- Hola Himliano; bienvenido a Abstemios Anónimos.
Sí señores, la vida de un abstemio en un país en el que el alcohol es un tema tan socializado no es una vida sencilla; más aún cuando uno tiene pinta de alcohólico y nadie te cree cuando dices que no bebes. Y es que no hay nada peor que intentar explicarle a alguien que no bebes alcohol y que ésta persona no te crea.
Pero comencemos por el principio: el sábado fuimos a celebrar el cumpleaños de un amigo, asi que como cada vez que montamos algo hubo que reunir al CSAR, un grupo de jóvenes come-bocatas que no temen a ningún bocadillo por grande que sea. Pero uno de los miembros estaba destinado en el Campillo de Santa María (Pontevedra) en el Botellón así que nos reunimos como pudimos con la intención de comer algo y luego reunirnos con él. No revelaré el nombre del desertor porque es colaborador de éste blog y seguramente se descubra él mismo en los comentarios. El caso es que un servidor, como miembro activo del colectivo abstemio, se vio en arrastrado a un “Botellón”, y aunque al principio era un poco reacio, al final me dejé llevar porque hay que documentarse para luego poder hablar con propiedad de algo.
Por si alguien lee ésto sin conocer el término “botellón” hay que aclara que se define como:
Reunión masiva de jóvenes de entre 16 y 24 años, fundamentalmente, en espacios abiertos de libre acceso, para beber la bebida que han adquirido previamente en comercios, escuchar música, y hablar.
Lo primero que llama al atención al acudir a un botellón es la gran cantidad de gente allí reunida; destacando la franja de entre 15 y 18 años (también llamados “niñatos”) con sus bolsas de alcohol ya preparadas y colocadas estratégicamente. A destacar que esas bolsas, lugar donde se posan, lugar en el que se quedan la gran mayoría. Quisiera aprovechar para lanzar una pregunta:
Madres y padres de España; ¿ustedes ven las pintas con las que salen a la calle sus hijos y mayormente sus hijas?
Una vez llegados allí y realizadas las pertinentes presentaciones y demás rituales concernientes al ámbito de las relaciones públicas, por la mente del abstemio pasa una pregunta al analizar las actividades que se llevan a cabo en el susodicho botellón:
- Oye, aquí además de beber e intentar aprovecharse sexualmente de las menores en estado etílico dudoso, ¿que se hace? ¿se baila o algo así?
- No, aquí sólo se bebe y se habla un poco. Así que si no bebes y no quieres hablar con borrachos igual te vas a aburrir un poco.
¿¿WTF?? Tanta gente allí reunida para beber, y ¿ni un baile ni nada? ¿Pero ésto qué es?
Otra característica propia son las bullas; que consisten en que el cani de turno se ofende por cualquier circunstancia (o tropiezo accidental) emprendiendo una cruzada personal que lo llevará por un sendero de pseudo-violencia sin retorno. Algunos de las características del cani enfadado estándar son:
- Abrir los ojos una barbaridad (cómo el loco de Prison Break).
- Poner una expresión facial de enfado sacada de los villanos de pelis de serie B.
- Bajar la cabeza hasta que toque con la del otro contendiente hasta que ambas fiambreras se solapan y empiezan a hacer lo que se conoce como “lucha de castrones” para ver quien consigue empujar al otro usando sólo la cabeza.
- Empleo de expresiones como: “Te voy a rajar“, “Sé donde vives“, “Tócame y te arranco el brazo” o la más tronchante “Te voy a dar una puñalada en el corazón“
- Y el summum del comportamiento castrón llega cuando alguno de los contendientes coge un vaso y lo rompe al tiempo que pronuncia el “MECAGOENDIOOOOOOOOOS” de rigor en un ademán que los expertos opinan que viene a significar algo así como: “Aquí mando yo“.
A continuación reprime las lágrimas porque se ha cortado con los cristales del vaso.
Afortunadamente, el miembro de nuestro comando, además de estar borrachín, llevaba un MP3 y pudimos improvisar un Karaoke y entretener un poco a la concurrencia con temas como: “More than feeling“, “Beautiful Day“, “Sopa fría“, “Born to be wild” o el tema estrella “Another day in paradise” de Phil Collins; entre muchos otros, conformando un especaculo realmente lamentable (para qué nos vamos a engañar).
No voy a entrar en valoraciones sobre si el botellón está bien o está mal. Pero quisiera dejar constancia de una perla que soltó un desconocido:
- ¿Pero tú te diviertes aquí en el botellón?
- Por supuesto!! Para divertirse hay que beber!!
Nada más que añadir.