Cosas que hacer un sábado: Esgrima
Si sois lectores habituales igual ya sabéis que yo no bebo alcohol; lo cual en un país donde el bebercio es una forma de ocio más es poco menos que ser un marginado social; más aún si eres prácticamente el único de tu círculo de amigos que no le da al botellón. Así que ocupo los fines de semana practicando hobbies que poco o nada tienen que ver con hazañas etílicas.
Un buen día, allá por enero creo, me hice con un folleto del programa “Noites abertas” (son una serie de actividades que se organizan aquí en Pontevedra principalmente los fines de semana para fomentar el ocio no-beberil, como torneos deportivos, clases de baile, talleres de manualidades, etc.); y le eché un vistazo rápido. Así a bote pronto no había nada interesante… eh, espera, ¿que pone aquí? Esgrima!! Ahi tengo que ir!!
Lo malo de pretender ir a esgrima es que al ser un deporte minoritario es difícil convencer a los colegas. Todos mis camaradas se borraron, uno a uno. Pero no pasa nada. Yo soy un flipado del quince, y si puedo aprender a manejar un arma tan noble como una espada (o un florete, en éste caso) de gratis, mejor que mejor; porque imagínate que un día tengo un duelo contra alguien por amor y elige “espadas al amanecer“; siempre es bueno tener unas nociones básicas.
Así que el pasado sábado allí estaba yo a las puertas del colegio Froebel (que es donde impartían las clases) puntualmente, bueno casi, con mi característico retraso de cinco minutos. Iba un poco cauteloso, no fuera a ser que me tocase ser el más joven (no sé por qué pero no veo a la juventud de hoy en día con muchas ganas de darle a la esgrima); pero nada más lejos de la realidad. Nada más entrar, una conserje (muy amable con nosotros, por cierto, a pesar de tener que currar un sábado de 20:30 a 22:30) me dice:
- ¿Vienes a esgrima? ¿No eres un poco mayor?
- En el cartel dice que es hasta 30 años, y yo tengo 21 (bueno, me faltan unos meses, pero con redondeo sí que los tengo), puedo pasar, ¿no?
- ¿21?
- Sí.
- ¿Y ese bigote?
- Es mío, para imponer respeto. ¿A qué mola?
- … … … Bueno, pues pasa. Están empezando ya.
Y me voy para dentro. Primer horror: sólo somos tres personas, una chiquilla de unos 13 o 14 años y un chavalín de unos 10 o 12. Madre mía. Bueno, mirémoslo por el lado bueno, tengo los brazos mucho más largos que ellos, así que puedo ponerme a la defensiva fácilmente.
Los monitores (muy amables también) nos explicaron que nos iban a enseñar las cosas básicas de la esgrima con sable (porque también hay espada y florete; pero el sable es lo que mola y el resto es para nenazas). Lo primero de todo es aprender lo básico: ponerse en guardia, avanzar y retroceder (que en esgrima se llaman “marchar” y “cortar” respectivamente). Después nos explicaron los ataques básicos y a esquivar los ataques del oponente retrocediendo de forma rápida. Vamos, que se aprovechó bien el tiempo. Y para acabar una especie de pique/liguilla torneo entre nosotros.
Como estaréis pensando, abusé y lo gané. Me da igual que sean chavalines pequeños, si pueden empuñar un sable se ganan el derecho de que pelee con ellos de tú a tú. Y aprovecho para comentar que el chavalín pequeño es un fiera, un puto torbellino con el sable. Anda que no me costó arrinconarlo para poder atinarle en la cabeza (porque al ser el primer día solo aprendimos a atacar a la cabeza); un 5-2 pero sufriendo para ganarle. Después en el segundo ya me ganó 5-4, pero el chaval fresco como una lechuga y yo a punto de toser un pulmón.
Pero como experiencia, es maravilloso. Al menos para mí, que me lo pasaba teta de pequeño jugando a los romanos/samurais/cruzados ; disfruté como un enano. Esa sensación de ponerse esa chaqueta, ese casco, empuñar un sable, batirte con alguien en un duelo; son sensaciones que hacen que se te ericen todos los pelos y vellos del cuerpo. Es como cuando vas a una tienda de antigüedades y te pones a desenvainar una espada sólo para oir ese sonido mágico que hacen mientras las sacas de la vaina (hasta que viene el dueño y te dice que si no la compras te puedes ir a la puta calle).
Pero vamos, que tampoco son todo maravillas, las posturas al atacar y estar en guardia son forzadas a más no poder; por ejemplo, cuando estás en guardia la mano en la que llevas el sable debes tenerla doblada hacia fuera formando un ángulo de 90º con el brazo para “cubrir ese lado con la cazoleta”; si probáis al leer ésto veréis que es bastante incómodo; pues a éso añadidle un guante bastante grueso y un sable. Por si eso fuera poco, el sable hay que agarrarlo de una forma peculiar: con el pulgar y el índice apretándolo como si fuese un bolígrafo mientras el resto de los dedos se agarran a la empuñadura; porque se supone que la aceleración al sable se le da con el meñique. En efecto, otra posición nada cómoda.
Otro inconveniente que yo le he encontrado es que no es un deporte demasiado bueno para días calurosos; entre que tienes que moverte con movimientos cortos y rápidos, llevas una chaqueta bastante ceñida y un poco gruesa y llevas una fusión de colador metálico y casco de moto en la cabeza puedes llegar a asfixiarte bastante rápido. Como te emociones demasiado en un combate/duelo/como_se_diga y pierdas el ritmo de tu respiración normal prepárate para sufrir.

Incluso durante un breve instante creo que el sable y yo fuimos uno; toda una experiencia sensorial. El chavalín me miraba desde su casco y yo lo miraba a él. Me olvidé de vigilar sus pies, sus manos, o sus hombros. Sólo miraba sus ojos. Y ni siquiera pensaba en lo que iba a hacer yo. Me quedé quieto, sin quitarle el ojo de encima. Y el sable y yo nos fundimos en uno, vi sus ojos y en ellos hubo duda; y sin que yo me diese cuenta le había atizado en la cabeza con el sable. No sé como lo hice pero fue mágico. Intenté repetirlo paro ya no me salió más en toda la noche. Aún así, ya soy feliz, porque pase lo que pase, ya podré decir, que durante un par de segundos me fundí con mi arma y fui rápido como un rayo.
Éste sábado vuelve a haber clases en el Colegio Froebel (sale en Google Maps por si no lo ubicáis) de 20:30 a 22:30; así que si sois de Pontevedra o alrededores o pasáis por aquí os recomiendo que provéis. Es un deporte realmente divertido. Además, si véis a un tío alto con pinta de trastornado y con bigote, es posible que sea yo, ¡¡no os cortéis y saludad!!