Manual de supervivencia: Chulos de playa
Primer capítulo de una serie de manuales de supervivencia para los tiempos que corren. (Todos estos consejos están orientados a defenderse, usadlos para hacer el bien; no me responsabilizo de la integridad de vuestras jetas aplicando este método)
De todos es sabido que el número de canis, reggaetontos y malotillos de poca monta va en aumento a pasos agigantados. Es fácil evitar tener problemas con ellos ignorándolos o evitando frecuentar sus lugares de esparcimiento (algo realmente sencillo si se tiene un mínimo de buen gusto y sentido común). Sin embargo, hay algunos lugares frecuentados por ambos bandos en los que evitar un posible contacto no es tan fácil; por ejemplo las playas. Y en ellas se da un micro-hábitat en el que surge una especie autóctona: el “chulo-playa” o “chulo de playa” del latín chulusplayis metetripus.
Antes de empezar hay que dejar claro que hay que saber distinguir entre malotillos y gente peligrosa, mas que nada porque si intentas aplicar el manual a los segundos vas a acabar mal. Este manual es sólo para aplicar en caso de provocaciones hostiles provenientes de malotillos.
Descripción

El chulo de playa estándar es una variante playera del cani urbano; aunque si bien su pariente más cercano es el “pecho-palomo”. Como buenos peleles urbanos se desplazan en ciclomotores formando unas hordas ruidosas realmente molestas. Suelen moverse en grupos de 6 o 7 siguiendo el esquema de “macho dominante”, “lacayos” e “individuo menor primo del macho dominante”. En principio no atacan sin motivo aparente, si bien es cierto que en la mayoría de casos el individuo menor (también llamado enano coñón) actúa como agente provocador para proporcionar la oportunidad de armar jaleo. Son fácilmente reconocibles porque llegan ya sin camiseta a la playa con sus bañadores “surferos” y sus gafas de sol de marca.
Comportamiento
Las hordas de chulo-playas ocupan la mayoría de su tiempo en hablar de ciclomotores y de las ostias “que le dieron a X pringao“; jugar al futbol-playa y comer helados.
¿Cómo sobrevivir a un ataque de un chulo-playa saliendo indemne?
En principio si uno acude a la playa sólo no hay porque temer, ya que los chulo-playas nunca se atreverían a enfrentarse al resto de los playeros unidos en un mismo bando para defender a una sóla persona; sin embargo, dicho apoyo del resto de playeros se desvanece si nosotros nos hemos desplazado a la playa acompañados de un pequeño grupo de amigos.
Una cosa que nunca, repito, NUNCA se debe hacer con chulo-playas en las inmediaciones es jugar a fútbol-playa. Un rato después de haber empezado enviarán al enano-coñón a preguntar si pueden jugar con nosotros. Aunque en ese momento ya sabremos que la cosa va a acabar en jarana, decimos que sí por educación. Llegado este momento pueden suceder dos cosas:
- Que ganen ellos; con lo que empezarán a vacilar y a hacer lo que ellos llaman tiki-taka. En ese caso, es probable que harto del vacile alguno de nuestros amigos se envenene y reviente la pierna de alguno, con lo que ya tenemos el lío montado.
- Que ganemos nosotros (fruto de un juego en equipo y con toque de balón) y al enfadarse empiecen a practicar un juego duro con la intención de provocar tumulto.
En ambos casos, el follón está asegurado (quizás por la mera presencia de los chulo-playas). Debido a su forma de ser, los chulo-playas siempre siguen el mismo modus operandi. Siempre empezarán a patadas con el más pequeño del grupo aprovechando que seguramente éste no proteste por no montar jaleo. Sin embargo, lo más probable es que en ese equipo haya alguien con alma de justiciero (en cierta ocasión me tocó a mí por ser el más corpulento). Dicha persona alcanzará el estado “Hasta aquí hemos llegado” y se habrá gestado un enfrentamiento en toda regla.
Es crucial dominar el aspecto psicológico para derrotar al chulo-playa; hay dos factores clave:
- La legitimidad de la discusión: un chulo-playa siempre provoca al rival para justificarse después usando el clásico “Empezó él”. Es fundamental que no empecemos nosotros.
- El lenguaje: hablar a un chulo-playa con palabras que le dejen claro que tienes más vocabulario que él (cosa no demasiado difícil) es ganar media batalla. Por todos es sabido que los chulo-playas se desconcentran al oir palabras de 4 sílabas o más que no sean “Gilipollas” o “hijoputa”, asi que intenta usar palabras largas y poco usadas para ver las caras que van poniendo.
Se supone que a la hora de intervenir vamos a hacer algo sencillo y rápido para dejar claro que no queremos jarana y que no vamos a tolerar más agresiones a nuestro bando. Para ello tenemos el clásico “Método en tres pasos para comer la moral, vacila y salir indemne“.
Paso 1: el “defensa de la vieja escuela“. Es una técnica sencilla que se basa en la justificaciones de los defensas de fútbol de la vieja escuela:
Si pasa el balón, no pasa el jugador
Para llevarla a cabo se procede a decirle al jugador pateado: “Cámbiame el puesto un rato”; así sin levantar sospechas nos ponemos a defender al “macho dominante”, que habrá sido el primero en repartir patadas. Entonces ponemos en práctica el “Defensa de la vieja escuela”: cuando se dirija a portería intentará regatearnos, porque un chulo-playa dominante no puede resistirse a vacilar a alguien con un regate. Entonces, al llegar a nuestra altura dejamos que pase el balón al regatearnos pero ponemos el cuerpo para placarlo disimuladamente.
El chulo-playa se pondrá de pie hecho una furia y se nos acercará en plan “malotillo” y gritando:
-Eh tío!! Pero tu de que coño vas????
Ahora es cuando empezamos a dejarlo en ridículo:
-Tienes que perdonar, es la primera vez que defiendo usando tu estilo. ¿Se supone que está mal?
Eso se lo decimos con media sonrisilla para sacarlo de quicio. Probablemente te mire mal y vuelva a su campo para que sus lacayos le digan “bah, déjalo en paz, que es un mierdas“. A estas alturas suele ser cuando alguno de los tuyos te mira y te dice partiéndose de risa: “Tú siempre haciendo amigos, eh?”
Probablemente a estas alturas el enano coñón vendrá y te dirá:
- Ten cuidado que mi primo no se anda con coñas, es un tio chungo.
Ni lo escuches, palabrería vacía. Como si no estuviese allí. entonces te dirá:
- Eh, que te estoy hablando.
Nos giramos y lo miramos fijamente mientras decimos:
- Yo no trato con lacayos. Lo que tu primo tenga que decirme que me lo diga en persona.
Y lo dejas a cuadros. Como es el más acojonado del grupo irá rápidamente a chivarse.
Paso 2: “El parachoques“; aunque sus amigos le hayan dicho que no siga, el orgullo del “macho dominante” está herido y sus feromonas le impiden pensar con claridad. Como le has dicho que fue un lance del juego intentará devolvertela amparándose en la misma excusa; pero como los chulo-playas son de lo más predecible, nosotros ya lo sabemos y preparamos la defensa. Él sabe que tarde o temprano te pasarán el balón y entonces correrá como una bala para devolverte el placaje. Nosotros aprovecharemos eso en su contra. Cuando lo veamos venir y ya esté tan cerca que no lo pueda esquivar aun queriendo, debemos colocar disimuladamente el codo en posición de defensa (como si estuvieses manteniendo el equilibrio) usándolo como una lanza. Esta parte seguro que no os gusta poque hay que dejar que te plaque, y probablemente vaya acompañada de una patada, pero tranquilos, si lo hacéis bien el acabará peor.
Resumen: chulo-playa viene corriendo a gran velocidad, nosotros lo sabemos y en el último momento ponemos el codo a la altura del pecho del garrulo en cuestión. Así chocará y se hará un poco de pupita y estará hecho una fiera: ahora empieza lo bueno.
Paso 3: “John McLane“; John McLane es el nombre del personaje de Bruce Willis en “Jungla de Cristal”, el anti-garrulos por excelencia: cabroncete, vacilón y uno de los tíos más duros de la historia del cine. Se trata de que lo imitemos un poco.
El chulo-playa vendrá gritando:
- Gilipollas; a ti que coño te pasa???? Quieres problemas o que????
A lo que poniendo cara de muy mala ostia y mirando a los ojos del garrulo con una mirada amenazante le respondemos:
- No lo sé, dimelo tú… ¿Busco problemas?
- Oye tío…
(Aquí entra la variable empujón) Si intenta empujaros sólo hay que agarrar la mano (es mucho más fácil de lo que parece; siempre irá hacia la zona cercana a los hombros) y mientras seguimos mirando a sus ojos decimos la traca final:
-Intenta ponerme la mano encima otra vez… (ahora ponemos voz de mafioso susurrando) y te quedas sin ella.
Y lo empujamos al tiempo que le devolvemos la mano. Siempre sin dejar de mirarlo a los ojos.
Si no empuja, interrumpimos su “Oye tío” con un:
- ¿Qué? ¿Qué oigo? (Abriendo los ojos como si estuvieras loco.)
Todo buen chulo de playa se aprovecha siempre de ir acompañado de sus lacayos; pero como se supone que al vacilarlo se lo toma como algo personal vendrá sólo y esa es su perdición; porque todo malotillo por si sólo no es nadie, y al haberle plantado cara no sabrá que hacer. Estará más perdido que un pulpo en un garaje.
Llegados a este punto, la diversión está segurada; el sujeto empieza a perder el control y a decir toda clase de estupideces como “Tú vienes a esta playa con malas intenciones”. Llegado este momento te das la vuelta y les dices a los tuyos “Vámonos, se acabó el partido”; tus amigos, si es la primera vez que montas el numerito estarán flipando un poco o partiéndose de risa.
Aqui el sujeto aún se indigna más al pensar: “Está pasando de mi!! Pero este pavo quien se cree que es?????”
Sin duda lo mejor es lo que escuchas mientras te retiras en silencio:
- Déjalo tío, que es más grande que tú…
- Me da igual, llamo al Rafita y que le pegue él.
- Pero tu crees que el Rafita le va a pegar por ti? Tu eres gilipollas.
La próxima vez que os vean en la playa ni siquiera os preguntarán para jugar.
Y así hemos aprendido como enseñar a los malotillos que sabemos que ellos son unos mierdas y que no queremos/toleramos sus bullas.
Recuerda: divide a los malotillos y tendrás a un grupo de don nadies individuales.
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