Manías telefónicas
Como estoy en el paro tengo un montonazo de tiempo libre, y para seros sinceros, lo empleo mayormente en pensar gilipolleces. Pero entre tanta morralla siempre quedan un par de pensamientos curiosos. Así que hoy quiero compartir con vosotros un par de reflexiones sobre un par de manías que un montón de entes tiene a la hora de usar el teléfono y no dejan de parecerme meras gilipolleces. Que para eso estoy en un pedestal por encima de vosotros: para señalaros vuestros defectos y reirme de vosotros.
No descuelgo porque no conozco el número
Una gilipollez como la casa de un pino si analizamos dicha conducta desde un punto de vista numérico:
¿Cuantos números de teléfono puede llegar a tener alguien memorizados (ya sea en su cabeza, en su móvil o en su agenda)? ¿100, 200?
¿Cuantos números de teléfono puede haber sólo en España? Cienes y cienes.
Bien, ¿acaso es tan descabellado te llame alguien cuyo número no tengas? Por pura estadística es harto probable que eso ocurra.
Porque a ver, una cosa es que me digas “Yo no le abro la puerta a desconocidos“; pues bien, es normal, que puede llamar a la puerta un sicario trajeado preguntandote si “Marsellus Wallace se parece a una zorra” y ya de paso apuñalarte, violarte, atracarte o una mezcla de todas o alguna de las anteriores. Pero, por dios, ¿no coger el teléfono? ¿qué es lo peor que te puede pasar?
A) Que te suelten algún improverbio.
B) Que te hablen en un volumen excesivamente alto.
Pues bien, les insultas de vuelta en caso de A) o les gritas aún más en caso de B). Es sencillo; no, mejor dicho, es de primero de párvulos.
Yo lo tengo claro, llame el número que llame siempre descuelgo y contesto; porque soy un temerario y, sobre todo, porque nunca sabes detrás de que número de teléfono se encontrará la mujer de tu vida.
El número me suena, así que no descolgaré hasta que consiga recordar de quien es.
Una variante del anterior que aún persiste gracias a los teléfonos fijos o a la gente que le da pereza guardar los números en la agenda del móvil. (Éste lo sufro un montón en mis carnes porque mi madre lo lleva a cabo constantemente)
Os pongo en situación; una persona estándar está tan tranquila cuando suena el teléfono. Mira el número y se dice a si misma:
Recórcholis, rayos y retruécanos!! Éste número me suena pardiez!! Pero carambitas, no consigo recordar de quien es… Cáspita!! Ya sé lo que haré, voy a intentar recordar de quien es y así cuando lo sepa descuelgo y hablo.
Cuando el teléfono suena por quinta vez, alguien que está presenciando semejante cuadro barroco no aguanta más y, poseído por el poderoso espíritu del sentido común, estalla gritando:
Joder!! Descuelga el puto teléfono, pregunta “¿Quien es?” y así ya lo sabes, pedazo de mastrenco!!
Y con razón, si quieres saber quien llama, lo más fácil es descolgar y preguntar. Es lo más simple, así que por el razonamiento de la navaja de Occam tiene que ser lo correcto.
En fin, lo de siempre, que la gente es muy rara. Os dejo, que me llaman por teléfono y me tengo que disfrazar de cacatúa antes de contestar. ¿Qué? Eso es perfectamente normal.
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