¿Quieres bandera? Pues toma bandera…
Hay en éste país un hombre que tiene un resquemor. Está un poco resentido con otro hombre porque perdió unas elecciones debido a que su anterior jefe, para el que había sido su trepa particular, le dejó un marrón en forma de pacto de las Azores. Alguien jugó a “Yo la tengo tan grande como tú, George” y 191 españoles pagaron los platos rotos en Madrid… Otros muchos pagaron los platos rotos en Iraq, a donde viajaban en latas de sardinas de las baratas. No obstante, si volvían en un traje de pino venían en aparatos modernísimos (ironías de la vida, o de la muerte, más bien).
Pues éste caballero, cuando no tiene otra cosa que hacer; que por lo que parece, no la tiene; se dedica a coger a sus amigotes e ir por ahí montándola. ¿Que hoy estoy en un acto con bodegueros? Pues grito como un poseso: ¡¡Viva el vino!!, que no sé que decir sobre X tema, pues digo “El señor Zapatero está rompiendo España, porque colabora con ETA, con los radicales catalanes y con las logias judeo-masónicas“.
Y que pasa, que un día se te va la pinza; y decides hacer un vídeo en tu despacho, con la bandera al fondo, como si fueses el Presi, o el Rey. Hay que sermonear a los que no tienen pensamiento propio (que cada día son más, tan sólo hay pararse a ver los datos de audiencia de determinados programas) porque las elecciones son pronto y hay que empezar a sacar votos de dónde sea. Cada voto cuenta y sino que le pregunten a Fraga, que lo sabía tan bien que apuntaba los de gente que no votaba, gente que estaba muerta…
Lo gracioso del vídeo es que el caballero éste, un tal Mariano Rajoy, nos pide a todos los que nos sentimos españoles que buceeemos en nuestro corazón y saquemos aquello que nos representa y de lo que estamos orgullosos; según él, una bandera. Y que vayamos todos juntos el viernes ahí con nuestra bandera demostrando lo orgullosos que estamos de llevarla ondeando por ahí.
Y yo, que me considero un español estándar me avergüenzo de la imagen que se pretende dar.
Me avergüenzo de ciertos españoles amarrados a una bandera de colores, muchos de ellos llevándola orgullosos como si sólo les perteneciese a ellos; sin conocer de donde viene o las penurias por la que pasó para llegar a ser lo que hoy es. Me avergüenzo de pertenecer a un país en el que no se puede hablar de según que cosas en público. Han pasado 70 años desde que acabase la Guerra Civil y aún no se puede hablar de ello sin que vuelvan los temores del pasado.
“Non fales diso neno“, no vaya a ser que se sonrojen los asesinos y sus nietos, o sus coleguitas miserables, que veían rojos en cualquier parte para poder denunciarlos y salvar su culo. “La ley de la Memoria Histórica supone reabrir una herida“; me río yo de eso, no se puede reabrir lo que nunca se ha cerrado.
Me avergüenzo de pertenecer a un país en el que una ministra de vivienda, como respuesta al problema del acceso a la vivienda anuncia que sacará unas zapatillas para que los jóvenes pateen mejor la calle en busca de un cubículo miserable a precio de palacio versallesco.
Me avergüenzo de vivir en un país en el que cuatro políticos y cuatro constructores deciden quien puede permitirse una casa y quien no; luego se llevan el dinero a espuertas y van al palco del Bernabeu los domingos para que los pobres incautos digan: “Mira que campechanos, si tienen nuestras mismas aficiones“.
Me avergüenzo de los pancarteros baratos, neohippies que defienden sus culturas de la invasión del Estado Español que los esclaviza, maltrata, humilla e incluso, en algunos casos de psiquiátrico, sodomiza. Nunca le han preguntado a sus abuelos por las penurias que vivieron para sacar a su familia adelante, ni a preguntan a sus padres por ello; pero ellos lo saben, y punto. Y van todos juntitos en sus vespas o BMWs de papá a las manifas, y si no piensas como ellos eres un facha y un tirano opresor capitalista.
Me avergüenzo de pertenecer a un país en el que la vida de unas personas que no aportan nada a la sociedad sea casi materia de obligado conocimiento. Si por algunos fuese sería materia perteneciente a la Selectividad.
Me avergüenzo de que en éste país haya un sistema educativo que premie la memorización y castigue la creatividad. Un sistema en el que hay auténticos patanes al mando de departamentos, que usan sus clases para impartir su doctrina y hacer campaña a largo plazo.
Me avergüenza pertenecer a un país cuya sociedad aplaude y rinde homenaje al maleducado, al zafio, al inculto; mientras hace burla del sabio, del que tiene una afición o del que no se rige por un molde creado en alguna empresa publicitaria norteamericana.
Me avergüenzo de que una gran mayoría de jóvenes de éste país vayan a un centro educativo por ir; jóvenes cuyo conocimiento más elevado abarca el “Mesenller, el fotolog y el botellón“. Que carecen de la palabra esfuerzo. Que a lo máximo que optarán es a apretar tornillos, pero ni eso harán bien, porque nunca sabrán que tornillo deben apretar. Normal, han tenido un sistema educativo que busca cuadricular a las personas.
Me avergüenzo de vivir en un país repleto de gañanes en BMWs, Mercedes, Audis y Porsches, que se van de vacaciones en agosto y que salen por patas cuando el tendero del ultramarinos de la esquina les pregunta a ver cuando cojones le van a pagar lo que le deben.
Y me avergüenzo tremendamente de que mi país salga entre los últimos en las estadísticas buenas y entre los primeros en las estadísticas para medir cuan bananera es una república.
Me avergüenzo de que se me pueda identificar con ilustres políticos cuyas mejores propuestas para arreglar los males de una región pasan por obligar a memorizar un himno a unos chavales (sin explicarles de donde viene o que significa) o cambiar el huso horario de dicha zona.
Y así podría estar hasta mañana, pero tampoco merecería la pena.
Así que, señor Rajoy, eso es lo que hay en mi corazón, ¿quiere que saque la única bandera que me identifica? Pues yo le saco, que no me cuesta nada.
¿Querías bandera? Pues toma bandera… La única que me representa.
