Privacidad
[..]
Llevaba tiempo buscando una nueva víctima para poder volver a sentir aquella sensación extraña mezcla de miedo, adrenalina y culpabilidad a la que estaba tan enganchado. Sin embargo, lo que no le acababa de gustar tanto era el proceso de selección y seguimiento que debía realizar siempre para poder salir impune a posteriori; ya que aunque todas sus presas habían sido elegidas al azar ésto no le ahorraba el trabajo de de seguir a la persona y estudiar sus horarios. Claro está que también podía presentarse en cualquier casa y desquitarse con el primero que viese; pero eso le quitaba toda la gracia a su obra.
Así que por romper la monotonía más que nada, decidió usar Internet para seleccionar a alguien. Dicho y hecho. A los pocos minutos estaba soltando despropósitos en una de tantas webs de discusión de noticias. Y la presa tragó el anzuelo. Uno de tantos adictos a la red, de esos que te corrijen frase a frase; su único error fue caer en la provocación y llamar cretino a un psicópata (o perfeccionista, como se autodenominaba él) por no saber que el animal del logo de Firefox es un panda rojo en vez de un zorro.
- Como me joden los listos – se dijo a si mismo mientras sonreía en la intimidad de su casa.
Ni siquiera en sus sueños más plácidos habría imaginado que los adictos a la red eran tan fáciles de seguir y localizar. Siguiendo la información de su perfil pudo llegar a su blog o bitácora, donde además de otras cosas pudo descubrir aspectos tales como su ideología política, sus aficiones, las cosas que le daban miedo y un par de tonterías más. El siguiente paso fue descubrir donde vivía para poder hacerle la visita de rigor.
Aunque ambos vivían en Madrid éso no era algo que facilitase las cosas, no es una ciudad en donde todos se conozcan; tendría que ingeniárselas para saber donde encontrarle. Gracias a las bondades de “la web 2.0” (ése término que proporciona tanto placer sexual a lo que el llamaba “tecno-pijos”) pudo encontrar en Flickr un par de fotos geolocalizadas tanto de su casa como de su oficina. Tras registrarse en una de esas “redes sociales” pudo conocer sus amistades y constatar que la ubicaión geográfica era correcta; tanto por lo que ponía en su perfil como por la ubicación de sus amigos. Incluso, en un alarde de esperpento consiguió que su victima le admitiese como amigo.
El hecho de conocer donde hallar a la presa con total seguridad un gran número de horas al día provocó en el cazador una pequeña contradicción; por una parte, tenía prácticamente hecho la mayoría del trabajo previo sin moverse de su casa, en pocas horas; cuando en otras ocasiones le había llevado casi un mes. Pero por otra parte sentía que estaba perdiendo lo poco que hacía especial a su pasatiempo.
Matar también mata el tabaco y no tiene tanto mérito como lo que yo hago – Solía pensar.
Así que sólo por complacer a su parte más perfeccionista decidió seguir buscando un poco más; y el hallazgo no pudo ser mejor. Encontró un sitio web llamado Twitter, donde tanto éste como otros individuos relataban voluntariamente que hacían continuamente. Increíble; vidas retransmitidas en directo, la mayoría de las veces como si fuese un monólogo sin respuesta. Ni George Orwell habría imaginado un Gran Hermano tan perfecto y sin necesidad de coacción o amenaza. Ahora ya le tenía localizado 24 horas al día gracias a mensajes tales como: “Voy al baño, hasta luego Twitters“, “Voy al banco, hasta luego Twitters“, “Me bajo al bar, a comer con Manolo, hasta luego Twitters“, “Me compré un jersey y me queda pequeño.”
Simplemente perfecto. Algo tan fácil no podía fallar. Ya daba igual el día, tanto daba hacerlo un lunes o un domingo; podía saber donde encontrar a su víctima 24 h al día, 7 días a la semana. No tenía escapatoria. La impaciencia lo invadió; nunca había hecho nungún sentimiento tan divertido; a cada mensaje nuevo en aquella web más cretino le parecía aquel triste sujeto; que si “me he comprado X cosa, voy a sacarle fotos” o “me he gastado tanto en tal sitio” o “el tio que escribe en X blog me ha enlazado un post !!“. Un auténtico homenaje al ego.
Cuando anocheció se dirigió a la calle donde vivía semejante elemento. Sacó su portatil y esperó a que llegase el mensaje mágico; aquel mensaje que se repetía día tras día a la misma hora como una especie de señal:
Me voy a dormir. Buenas noches Twitters!!
Esperó unos minutos, hasta que pasó media hora desde la última canción reproducida según Last.FM. Bajó del coche y se metió en el edificio aprovechandose de un vecino que salía. Llegó a la vivienda y forzó la puerta mientras pensaba qué le iba decir. Solía no decir nada para disfrutar con la expresión de miedo que ponían sus víctimas mientras en vez de huir buscaban en su cabeza la causa de aquello. Incautos… no sabía que el por qué no tenía relevancia. Aqune por seguir rompiendo con la rutina decidió decir algo por una vez. En el instante que la puerta cedió le llegó la inspiración.
Y allí lo estaba, intentando quedarse dormido en su cama.
- ¡Eh, tú! … Es un zorro.
Cuando se dió cuenta de que aquello era real el miedo ya lo había matado por dentro. No dijo ni hizo nada, tampoco hizo falta. La expresión de miedo en sus ojos lo hizo por él. El cazador acabó su tarea, se limpió y salió del piso.
Mientras conducía de vuelta a casa pensaba lo fácil que había sido y se convencía de que no podía haber encontrado un método mejor. Al entrar en casa hizo otra muesca en la pared. Ya llevaba 14… y contando.
[...]
PD: La privacidad es un bien cada vez más preciado, cuidadlo bien.
Responder