Rey sin trono
La semana pasada me tocó el regreso a las aulas, como todos los años por ésta época desde hace ya bastante tiempo. Éste año tenía dos cosas absolutamente claras:
- Quiero mí título de Tecnico Superior de Instalaciones Electrotéctnicas; y lo quiero ya. Ya he tenido suficiente ración de instituto en mi vida (aunque tener que acudir a un centro donde se imparten ciclos de peluquería, enfermería y estética es una delicia visual para un pervertido como yo) y no sé que me da decir, a mis 21 años, “Bueno, me voy, que tengo que ir al instituto”
- Ni de coña me iba a dejar liar para volver a ser delegado.
La primera está en proceso; la segunda ya es una realidad.
Conseguir escaquearse del poder es realmente sencillo. No puedes decir directamente que no quieres ser delegado (*), porque tus enemigos te votarán para putearte (y tras un año pseudo-gobernando con puño de hierro, alguno tengo); así que hay que jugarse la baza psicológica y ser un déspota sinvergüenza e interesado:
- ¿Si te votamos éste año vas a hablar con los profesores para que nos dejen salir antes?
- No.
- Joder, ¿pero por qué no?
- Porque el horario es el que es; ésto no es una enseñanza obligatoria. El que no quiera estar aquí, ahí tiene la puerta. (Mira que me revienta el tema éste) Si me elegís gobernaré un año más con mano firme y puño de hierro.
- Pero… ¿de qué vas chaval?
- YO SOY LA LEY
Hecho, ya me había librado de ser delegado. Aunque al intuir quien sería mi sucesor no pude evitar sentir una cierta preocupación, porque lo quiera yo o no, se supone que el Delegado debe ser nuestro representante e intermediario (a.k.a. títere intermedio) y convendría que fuese alguien que no sea el primero que pasase.
Inesperadamente se produjo un empate para el puesto de subdelegado entre otra persona y yo mismo. Así que hubo que hacer una segunda vuelta. Aquí se me presentó una encrucijada; porque si bien mis principios me impiden votarme a mi mismo (si debo salir elegido debe ser por los votos de los demás y no por el mío), pero por otra parte, ni de coña quería al otro candidato como subdelegado; una simple gripe del delegado y tendría que haber soportado que uno de mis más duros críticos tuviese más poder que yo (y eso ni de coña mientras pueda impedirlo). Al final voté en blanco.
Pasaban las papeletas y el maldito voto en blanco no quería salir, se quedó el último. Tras 9 papeletas había un 5 – 4 a mi favor. Todos especulaban que iba a haber empate con la última papeleta mientras yo me partía por dentro porque ya había ganado.
- Y el voto decisivo es para… eh… ¿voto en blanco? Pues entonces… gana Himliano; enhorabuena, eres el subdelegado.
- Gracias…. [Mirada desafiante de superioridad dirigida a todo cristo]
Una vez más, la potra universal se puso de mi lado y se empezó a rumorear que había estimado cuantos votos iba a sacar y voté en blanco porque ya sabía que me sobraban. No lo desmentí porque es algo que contribuye a crear una imagen de poder que me encanta (aunque sea más falsa que 1 ^ ∞ = indeterminado)
Así pues, desde el lunes 29 de septiembre soy oficialmente un segundón.
Se acabaron los días de “Himliano, el Delegado” y comienzan los de “La leyenda del Delegado bigotudo” (también he dejado de ser bigotudo por un problema cutáneo). Ya nunca más podré responder con un “YO SOY EL DELEGADO” a lo Espartaco cuando alguien preguntaba por mí. Ni tampoco seguiré legitimado para ir gritando “YO SOY LA LEY” (cosa que me encantaba y hacía en cuanto se me presentaba la ocasión); y lo peor de todo es que ya no podré ir a entregar el parte en conserjería donde siempre estaba la personificación de la belleza hecha mujer.
Sin embargo, hay sus cosas buenas, los puyazos. No compensan la pérdida de poder (que bueno, en realidad poder, lo que se dice poder, no tenía ninguno; pero yo hacía como que sí lo tenía y me lo pasaba pipa ostentando mi cargo) pero molan lo suyo. De hecho, ya me he creado un discurso que suelto en cuanto tengo ocasión para desprestigiar al “nuevo“.
- El año pasado echábais pestes de mi labor al mando, y fijáos que casualidad, justo cuando dejo de ser delegado la bolsa se desploma, se estanca el mercado inmobiliario, la economía entra en recesión, aumenta el paro… Desde que ya no estoy al mando los principales gobiernos del mundo han tenido que aflojar pasta para intentar paliar la crisis. CRISIS global tras dejar el poder. ¿Casualidad? Permitidme que lo dude.
¡¡Si incluso bajo mi mandato España ganó la Eurocopa!! Ya veremos cuantos mundiales o eurocopas gana éste año.
Como podéis ver, es un completo disparate sin sentido alguno, pero a mí para hacer mi campaña demagógica de desgaste ya me sobra. Porque en el fondo, soy un cabrón, y me lo paso pipa chinchando a la gente. Además, yo sé que sigo siendo el rey (aunque sólo lo piense yo).
De momento al nuevo ya lo tienen medio mareado como criado recoge-fotocopias.
Se acabaron los días de gloria y entradas triunfales; sólo soy un Rey sin trono farfullando en el exilio.
(*): Como habitualmente ni dios quiere ser delegado y para evitar que el profesor tenga que elegir a uno a dedo, no podemos negarnos si salimos elegidos; esto es, se vota a quien se quiera y al que le toque se jode.