Desde que tengo uso de razón, uno de los colectivos sobre los que circulan las más variopintas y macabras leyendas urbanas son, sin lugar a dudas, los autoestopistas.
Historias alucinantes y que abarcan desde la del amigo del amigo del primo de uno que una vez cogió a un autoestopista con bigote (para más señas) para ser posteriormente violado por el susodicho bigotudo, hasta la, ya mítica, historia del camionero Ramón, cuando recogió a una señorita autoestopista a la que empezó a meter mano mientras canturreaba su cancioncilla de “Me llamo Ramón y voy en mi camión“, a la que la joven, dejándose sobar, respondía con un elocuente “Me llamo Pascual y voy de carnaval“