Así es como me siento a veces en clase; sólo, absolutamnte sólo. Arrodeado de gente a la que paso de entender y que, por supuesto, tampoco me entiende mí. Pero como al mismo tiempo también me latrae bastante floja, cuando no estoy currando en algo me voy a mi mundo mental, donde los pájaros pían, los gatos maúllan y las mujeres son tremendamente atractivas.
Hoy mientras casi todo el mundo estaba haciendo un trabajo con el Word; dada mi incapacidad pereza para trabajar en un monitor de resolucion inferior o igual a 1024×768 px yo me senté al fondo y mientras leía el correo me fui a de vuelta a mi mundo.
Un lunes cualquiera, ocho y media de la mañana. Un grupo de gañanes se preparan para asistir a una clase teórica de tres horas. Hay caras de sueño; pero no hay problema; quien más quien menos ya ha planeado echar alguna que otra cabezada durante la mañana. No saben la que se les viene encima.
Damas y caballeros, acuesten a los niños porque el abuelo cebolleta va a arrancarse con una batallita. No es reciente, pero acabo de recordarla.
6 de la tarde, un aburrimiento de tres pares de narices. Las malditas prácticas no se dan acabado y el profesor ya le ha pegado bronca a todas las parejas de prácticas menos a nosotros; el próximo que haga saltar el automático se llevará una buena. Estamos montando un punto de luz simple y toma de corriente; o como se dice en castellano, un portalámparas con una bombilla que alumbre y un enchufe para enchufar cosas normales y corrientes.