Hoy, queridos amigos, os voy a hablar de un juego que, de gustaros, os provocará una gravísima adicción (no en vano, junto con la pereza, es el gran culpable de que no os cuente nada interesante en éste blog ultimamente). Quedáis avisados, luego no vengáis llorando porque os habéis enganchado y perdéis horas y horas de vuestro tiempo.
Están estos días dando la lata en la radio a todas horas con lo de que si tienes un móvil prepago tienes que identificar tu número con tus datos porque, de lo contrario, tu número es dado de baja automáticamente. Si queréis más información váis a google y buscáis “identificar móviles prepago“. La coletilla que repiten en todos los medios es que es una medida del Ministerio del Interior para luchar contra el terrorismo internacional y el crimen organizado.
Si la última vez que la naturaleza intentó dejarme sin internet me envió un tejado volador; y la semana pasada volvió a intentar jugármela enviándome uno de esos truenos capaces de quemar un router, una tarjeta de red y despertar a un Himliano de nivel 3 con un petardazo descomunal de manera simultánea. Así que para compensaros por la ausencia de mis hilarantes chascarrillos os voy a comentar una serie de cosas que me llamaron la atención durante el periodo de desconexió
Queridos asistentes a la Feira Franca de Pontevedra (para los que no seáis de aquí, aclarar que es una feria medieval); me parece genial que alquiléis vuestros trajes de época para irse de comilona. Me parece cojonudo que salgáis de comilona por toda la ciudad a pasarlo bien, que para eso es una fiesta.
Una cosa preocupante ultimamente, al menos en el pequeño habitat donde vivo y permito vivir a los vecinos, es el maldito vicio que le está entrando a las autoridades encargadas del diseño y mantenimiento de carreteras con poner semáforos a tutiplén en las rotondas. Porque una cosa es intentar mejorar el tráfico rodado, y otra bien distinta sobrecargar de señalización las vias hasta conseguir un mojón intransitable.