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¿Puedes mejorarlo?

Profesora: – A ver, Sálmez; ¿has terminado el código del ejercicio?
Sálmez: – Sí.
Profesora: – Pues venga, a la pizarra; enséñanos que has hecho.

[...]

Profesora: – Mmm, bien, pero al final entra en un bucle infinito… A ver, Himliano, ¿puedes mejorarlo?
Himliano: – Por supuesto.

[...]

Profesora: – Bueno, lo has mejorado, cierto. Éste ya no hace un bucle infinito sino que hace dos, uno después del otro. No está mal, pero no me refería a que lo superases de ésta forma.

Ains, los profesores y su imprecisión léxica; siempre molestando al personal.

Eso es lo que pasa cuando nos sientas a Sálmez y a un servidor juntos, que la liamos parda.

El Rey del Mambo

Una tarde calurosa de una de las ultimas semanas de clases teóricas del ciclo, se nos acercó “El Dandy” (del que os hablaré en cuanto el título esté en mi poder, por si acaso) y nos dijo que la clase iba a terminar antes porque iba a venir un tipo de una casa comercial a darnos “una charla técnica” sobre un producto nuevo que acababan de sacar referente a la automatización de las viviendas (o la domótica, si preferís llamarle así).

De allí a un rato vemos entrar a un tipo con traje azul cerúleo (palabro aprendido tras ver “El diablo viste de prada”) hortera a más no poder y una maleta enorme. Al momento se me acerca “el Marcial” y me dice:

- Mimá, ese tiene que estar podrido de pasta.
- ¿Y por qué iba a estarlo? - pregunté, aunque ya sabía que me iba a decir.
- Joder, ¿no viste el traje que lleva?
- Ese traje es una puta mierda. Si hasta yo tengo uno negro que mola mil veces más y me salió tirado de precio - y es cierto.
- Ya, pero es que…
- Ni peros ni ostias. Ése es un mierdas. Si estuviese podrido de pasta, ¿tú te crees que iba a venir a dar una charla de mierda a un instituto un día por la tarde? Joder, es que no las pensáis - y ya puestos, le echo un sermón -. Lleváis ya dos años conmigo y aún no aprendísteis nada, y no es porque no prestéis atención; es porque no trabajáis en casa.

La alarma anti-trepas ya se me había encendido nada más ver al tipo (el modo de hablar por teléfono de un trepa es inconfundible), pero al ver que además de eso parecía que él y “El Dandy” eran amigos, la alarma ya se me salió de todas las escalas posibles.

Total, que a la hora indicada nos subimos a la charla y como ya me daba muy mala espina me senté al fondo, al lado del “Capitán Fluke” (“Flukemán” para los colegas), que es como una fusión (pero fusión con pendientes mágicos, no la mierda aquella del bailecito) entre McGyver y Michael Scofield centrada en el campo de la electricidad y la electrónica. En el ámbito eléctrico, si el “Capitán Fluke” dice que X máquina lleva Y pieza, discutir sobre si sería mejor ponerle la pieza Z es inútil, lo que dice “Flukemán” va a misa, y punto.

El tipo nos pone un powerpoint y empieza con su rollo comercial, que si en su empresa son líderes en nosequé, que si fueron los primeros en nosecuanto, que si vuelan, que si han resuelto el enigma deontológico, etc. Ya nos había empezado a tocar la moral cuando vimos que si ya el powerpoint no era demasiado técnico, el tipo explicándose aún lo era menos. parecía que le estaba dando una charla a unos trogloditas que exclamaban “brujería!!” cada vez que veían algo eléctrico. Pero cuando ya me empecé a sentir ofendido fue cuando un tipo del ciclo medio le hizo una pregunta referente a que él no veía ninguna ventaja para instalarse el producto en su casa; a lo que el notas éste, ni corto ni perezoso le respondió (en un tono de prepotencia por el que se habría ganado una paliza en nuestro barrio):

- No, hombre, en tu casa claro que no lo vas a instalar. Es que ésto es un sistema para ricos.

Ahí ya se jodió la tarde. Una voz en mi interior empezó a gritar: “PREPOTENTE!! CHULO DE MIERDA!!“. Me giré a hacia el grupo de los de mi clase que estaban alrededor y, estupefacto como estaba, no pude decir más que:

- ¡Eh, tíos! ¿Es cosa mía o nos acaba de llamar pobres?

Me da igual que me llamen pobre, porque lo soy; pero que venga un mierdas que se cree rico por llevar un traje de mierda a llamarme pobre, pues no. No está bien. No es correcto. “Va en contra de mi camino del ninja“, que diría Raruto.

Mientras tanto, el trepa éste seguía vendiendo la moto; ahora estaba explicando que con el cacharro ése podías controlar la casa desde cualquier parte, porque tenían un programa para “ordenadores, pedeás y áifons” que te dejaba controlar la casa. Y cuidado, porque en la hora y pico que estuvo allí debió decir “áifons” como unas cincuenta veces, mínimo. Que si el “áifon” ésto, que si lo otro, que si “apel nos concedió una licencia especial para hacer un programa” (sí macho, a tu compañía; y a cualquier hijo de vecino que se saca sus aplicaciones y las sube a la App Store también).

Después nos empezó a explicar que en los dispositivos de control que se colocaban por la vivienda llevaban unas pequeñas resistencias (la verdad es que ya ni recuerdo para que leches eran). “Flukemán” preguntó si no era mejor que en vez de esas resistencias llevasen $palabros_raros (en serio, un palabro rarísimo; en mi vida lo había oído antes), a lo que el tipo le respondió que no. “Flukemán” preguntó por qué razones eran mejores para eso las resistencias que los $palabros_raros. La respuesta que obtuvo fue:

- Te digo yo que no; y de ésto nadie sabe más que yo, que vendo la ostia de ellos. En esto soy el rey del mambo.

FLIPANTE.

Entonces, nos fijamos que “El Crack” (otro profesor, de los mejores que yo me he topado en mi vida) se estaba empezando a descojonar del tipo; nos hizo una seña de que “Flukemán” tenía razón y se largó de la charla por no reirse en la cara del personaje éste.

A mí aún no me había dado tiempo a pensar “Pero que puto gilipollas es el pavo éste” cuando el tipo saca un maletín pequeñito con un montón de resistencias de ésas y para enseñárnoslas no se le ocurre otra cosa que decirnos:

- Mirad, ahí tenéis una muestra con todos los tipos de resistecias que se usan en los cacharros. Id echándoles un vistazo… pero ojo; que están contadas.

Ahí fue cuando estallé y ya lo hice personal. Obviamente en mi cabeza, porque no hay que perder la serenidad. Ya sabéis que para llegar lejos hay que tener siempre los pies calientes y la cabeza fría.

¿¿PERO QUÉ COJONES?? ¿¿ Primero nos llama pobres y ahora nos llama ladrones ??

Y entonces el tipo la cagó. Llevaba toda la tarde esperando un instante en que poder devolverle alguna y nos dio la oportunidad:

- Bueno, si tenéis alguna pregunta podéis hacerla sin miedo que os las responderé todas.

Hombre claro; por supuesto que las vas a resolver todas, si eres el Rey del Mambo. Sería una vergüenza que te hiciesen una pregunta que no supieses responder. Pacientemente, esperé a que le hiciesen unas cuantas fáciles, para que se fuese confiando. Entonces, en el momento en que el tipo estaba más crecido, un humilde aspirante a electricista levantó la mano:

- Dime, chico.
- Usted ha dicho que con su producto se podía controlar toda la instalación desde internet. ¿Qué se necesita para ello?
- Ah, pues mira, sólo se necesita tener contratada una IP fija y tener éste aparato conectado a la red, que ya lo hace él todo.

Bien, ya te tengo donde quería. Prepárate porque vienen curvas. Cojo aire y levanto la voz.

- ¿Y cuando se deje de usar IPv4 para empezar a usar IPv6 que va a ocurrir? ¿Ése aparato viene ya preparado o habrá que cambiarlo por otro?

El tipo palideció y empezó a balbucear un poco. Para mí que dentro de su cabeza algo dio un pantallazo azul y luego se reinició. Sabido es por todos que los trepas no distinguen entre IPv4 e IPv6, es de cultura general. Como eso de que los T-Rex no te ven si te quedas quieto. Igualito del todo.

- No, hombre, mira, es que… jejeje.. nosotros no te vamos a vender algo que se vaya a quedar obsoleto, ¿no?
- No lo sé, usted sabrá. Quien trabaja con el producto es usted, no yo.

La gente empieza a descojonarse disimuladamente, con lo que el pavo se pone aún más nervioso.

- No, hombre, mira, jejeje, es que… yo creo que no, supongo que ya deben estar preparados. Sí, creo que sí.
- ¿Seguro?
- Pues, esto… jejeje, mira… no, no lo sé. Tendría que mirarlo.

Me siento con una sonrisa de oreja a oreja. La gente cada vez se descojona más abiertamente y el otrora todopoderoso Rey del Mambo ahora parece medio metro más bajo. Parece que ya se puede afirmar que…

Wait for it…

Wait for it…

¡¡ REY DEL MAMBO FAIL !!

Vaya por dios. El hombre que afirmaba saberlo todo sobre su producto parece que al final no lo sabía todo. Una pena. Cada día que pasa los reyes del mambo son más mediocres. Mira que ser derrotado por un pobre que para costearse la instalación de su producto tiene que robarle las resistencias… En fin, mañana será otro día.

El hombrecillo acaba la charla y recoge los bártulos. Y aunque aparenta reirse y que está contento, en su interior, muy en el fondo, sabe que hoy no tendrá que ducharse porque acaban de darle un baño de humildad.

Un saludo.

Moraleja: Nunca vayáis por ahí llamando pobres y ladrones a los demás, un poquito de RES – PEC – TO

Si te soplan en el bujero

Todo lo narrado en ésta entrada son hechos reales sucedidos estando yo en 3º de la ESO; no os diré el año porque una vez que termina mi jornada me da mucha pereza hacer cálculos.

Hay una leyenda urbana que lleva generaciones y generaciones extendiéndose de forma oral por todo nuestro país; mi padre la escuchó, yo la he escuchado, y tal y como pinta el sistema educativo parece que seguirá escuchándose durante muchos años.

Dicho teorema afirma que:

En condiciones normales, durante una felación, si el felante sopla por el pene, el felado muere.

O como diríamos en un lenguaje mucho más coloquial:

Sí te están chupando la polla y te soplan por el agujero, te mueres.

Ocurrió un día, allá por mayo o junio, que estando una serie de jañanes y unos cuantos tripitidores de cachondeo en el aula, salió el tema en una conversación y lo empezamos a discutir: que si no era posible, que si le había ocurrido al amigo de un amigo del primo de uno, que si patatín o que si patatán…

La siguiente clase que tuvimos fue Física, que era la clase en la que todos nosotros prestábamos la máxima atención a las explicaciones. Ello era debido a que teníamos una profesora que, en pocas palabras, estaba tremenda; era una cosa fuera de lo normal. No era el típico caso de profesora que parece que está buena porque el resto de profesoras son unas viejas de casi 60 años. No.
Estaba buena y lo sabía. Además cuando llegaba el verano, y empezaba el calorcillo no se cortaba nada con la vestimenta (cosa que nosotros agradecíamos prestando mucha más atención).

Siempre se preocupaba porque entendiéramos bien todas las explicaciones (cachondeos aparte, vuelvo a repetir que fue una de las mejores profesoras que me han dado clase), por lo que si no entendías algo venía hasta tu pupitre y se inclinaba para hablar contigo hasta que resolvía tus dudas; lo malo es que se ponía delante del pupitre inclinandose hacia el alumno, de forma que un adolescente con hormonas en ebullición tenía que concentrarse en las dudas teniendo en frente un panorama que no contribuía demasiado a la concentración. Se podría decir que quedabamos atrapados entre el escote y la pared.

Creo que no es necesario aclarar, que entre el atractivo de la profesora, su vestimenta y el calor, en las clases de mayo y junio todos los alumnos no entendíamos nada de nada (curiosamente las alumnas sí) y la profesora se pasaba gran parte de la clase resolviendo dudas de la forma anteriormente mencionada.

El día que discutíamos la famosa teoría de la Mamada letal, mientras transcurría la clase, surgió la idea de convencer a alguno para que le preguntase a la susodicha profesora acerca de tal teoría; ya que si alguien sabe de teorías es un científico, y que mejor científico que un físico. Total, que después de un “¿A que no hay huevos a… ?“; allá convencieron al “Martillo” para que preguntase. Hay que aclarar que el “Martillo” (o “Mar – tillón” para los amigos) era un chaval que debía su sobrenombre a que, al parecer, cuando se iba de campamento en verano, le daba de tal forma al manubrio que la cama botaba haciendo “bum bum bum“. De hecho, lo puteábamos siempre poniendo voz de tía mientras le decíamos “Amartíllame por detrás“. Si es que… ya no se hacen broman como aquellas…

La carcajada estaba asegurada, un tío tan basto como el “Martillo” preguntando una burrada a una señorita tan “remilgada” parecía un sketch de Arévalo; aún no había hecho nada y ya nos estábamos partiendo todos de la risa.

El “Martillo” levanto la mano y se hizo el silencio mientras todos escuchábamos con los ojos abiertos de par en par.

- Profe, ¿es cierto que si te soplan en el bujero te mueres?

|| Silencio espectante ||

- ¿Qué? ¿Cómo? No sé a que te refieres.
- Sí, que digo que si es cierto que cuando una chavala te está comiendo la pisa y te sopla en el bujero te mueres.

Y eso fue el descojone máximo. La profesora no sabía que hacer ni que decir, pasó por todos los colores del arco iris en menos de 5 segundos deteniéndose en el rojo piruleta. Incluso durante unos instantes parecía preocupada (igual había puesto en peligro a algún novio, vaya usted a saber).

- No, bueno… a ver… yo no soy titulada en medicina, pero… yo es que soy más de física, ¿sabes?… jejeje (risa nerviosa) Pero no, no creo que sea cierto… vamos, no parece cierto… bueno, vamos a acabar la clase que ya es hora. Alehastaluegoadios.

Creo que aquel día la traumatizamos, porque el curso siguiente empezó a dar clases en otro instituto (¡¡ bastardos afortunados !!). No sé que fue de ella; supongo que, con el tiempo se habrá convertido en una MILF de primera categoría.

Los años pasaron, pero el misterio de la mamada letal aún sigue en el ideario colectivo de las leyendas urbanas; más concretamente, entre el perro de “Sorpresa, sorpresa” y los condones pinchados que la Cruz Roja regala a los adolescentes.

Y vosotros que opináis, ¿será verdad? ¿será mentira? Sea lo que sea, como dice un conocido mío: “sólo sabemos una cosa; de ser cierto, es una de las muertes más placenteras que se conocen“.