Archivo de la etiqueta: Series

4 8 15 16 23 42

Hace unos años, estaba yo escuchando en la radio que iban a estrenar en TVE una serie que lo estaba petando en EE.UU. que iba sobre unos tipos que tenían un accidente de avión y llegaban a una isla y mientras esperaban a que los rescatasen les iban pasando cosas. No le di mucha importancia.

Un buen día, estaba viendo la tele, y de santa casualidad, pillé el comienzo del primer capítulo. Me puse a verlo. Me gustó y vi unos cuantos más. Recuerdo que, pese a no engancharme demasiado, me llamó la atención por un par de personajes:

  • Jack era el buenazo, un cacho de pan. Todos querían que fuese su “líder”, pero él ya tenía bastante con sus propios problemas y para que se pusiese al frente de algo tenía que estar la cosa chunga.
  • Sayid, que era de Iraq y me hacía gracia que hubiese un iraquí entre tanto americano en una isla.
  • También estaba Kate, que supuestamente era la “tía buena” de la serie, pero a mí nunca me lo ha parecido.
  • Sawyer, que iba por la vida de malote cuando todos sabíamos que en el fondo era otro cacho de pan.
  • Y por último estaba Locke, que así de primeras era la bomba; porque antes de llegar a la isla necesitaba una silla de ruedas y ahora corría, brincaba, cazaba y demás cosas molonas. Además de eso, no creo que haya habido en la historia otro personaje que con una sóla sonrisa pueda transmitir tanto buen rollo.
    pic

Recuerdo que otra cosa que me encantó de la serie fue la música instrumental, que ponía los pelos de punta. Más tarde descubrí que era de un tal Michael Giacchino, lo que le valió un +1 al tal Michael en la escala de “molaridad”. Y también recuerdo que me chocaba un montón que en todos los flashbacks de cada personaje no había ni uno sólo que su vida antes del accidente no fuese un dramón.

También me chocó la cantidad de cosas extrañas que pasaban en aquella serie, había unos “otros”, una escotilla, unos números misteriosos que salían por todas partes (4 8 15 16 23 42), había un “monstruo” que luego no era tal, sino que era un humo negro que hacía un ruido mecánico. Recuerdo ver el final de aquella primera temporada y quedarme a cuadros cuando “los otros” se llevaban a Walt sin que ni su padre, ni Sawyer, ni el bueno de Jin (que ya no era aquel cabrón que parecía al principio, sino un tipo legal) puediesen evitarlo.

Así fue como empezó todo; luego vendrían muchas más preguntas, muchos pensamientos de “ni de coña van a lograr resolver todo ésto de una forma coherente”, y hasta la decisión de dejar de ver aquel sin sentido (cosa remediada por una buena amiga que me animó a ver la tercera temporada; y a la que ayer le di las gracias de todo corazón por aquel consejo).

Sin embargo, seguí viendo la serie y llegaron muchas cosas nuevas, llegó Juliet (un mujerón como la copa de un pino, por cierto), supimos más cosas de Desmond, descubrimos que la isla se podía mover (y no sólo en el espacio), encontramos a gente como Faraday, Miles, Lapidus, ¡¡Ben Linus!!, una estatua muy extraña, descubrimos también mediante un flashforward que algunos habían conseguido salir de la isla, pero no les iba muy bien y querían volver (“We have to go back, Kate!!“) y muchas pero que muchas nuevas preguntas. Muchísimas más preguntas que respuestas. Y sin embargo, llegó un momento, en que las preguntas dejaron de ser importantes, ya no me preocupaba qué eran los números o porqué la estatua tenía aquel número de dedos, me daba igual saber por qué había un oso polar o qué narices era el humo negro. Sólo me preocupaba saber si saldrían de allí algún día, si Jack arreglaría su vida, si Sayid encontraría a la mujer que amaba, si Desmond se reuniría con Penny, si Locke se quedaría en la isla o no. Ya no importaba la isla, importaban una serie de personas que habían pasado a ser casi cómo de la familia.

El lunes, aquel viaje iniciado hace 6 años terminó. Me quedé muy triste y con los ojos rojos de tanto llorar; no porque acabase sin explicar un montón de cosas y con un final bastante ñoño (para qué nos vamos a engañar); sino porque ya nunca volvería a aquellas personas con las que había compartido tantos y tantos ratos, a los que había visto sufrir, llorar, pasarlas putas; pero también sonreír y tener algún que otro momento feliz.

No voy a ir a lo fácil y decir que haya sido la mejor serie de TV de todas cuantas haya visto, porque no lo es (compararla con “The Wire” es directamente de risa); pero nunca olvidaré a la serie con la que más he sufrido, disfrutado, llorado y sonreído, con todos esos momentos impagables que nos ha dado.

Momentos como la desesperada llamada telefónica de Desmond a Penny, el rapto de Walt, la dramática separación de Juliet y Sawyer, la muerte de Charlie, la entrada triunfal de Hurley montado en la Dharmaneta arrasando con todo y salvando la situación al más puro estilo Blitzkrieg, y muchas otras más. Ya nunca volveríamos a oír los “dude” de Hurley, ni los “son of a bitch” de Sawyer, el “Don’t tell me what can’t I do” de Locke, el “Live together, die alone” de Jack. Ni siquera los “brotha” de Desmond.

Y sin embargo, el lunes, pese a que pensaba que ya nunca podría emocionarme más de lo que me había emocionado con el final de BSG, con W. Adama ordenando el salto a la boca del lobo; cuando ya pensaba que estaba de vuelta de todo, llegó el último capítulo, la última estación del viaje.

Una última parada donde hubo la decisiva batalla entre “el bien y el mal”, donde algunos lograron al fin salir de la isla (el que no haya llorado al ver despegar aquel avión no tiene corazón), otros se quedaron y algunos, como Jack Shepard, se ganaron a fuego el título de heroes.

Paralelamente, y con las emociones a flor de piel por saber que sería la última vez que los vería, cada reencuentro, cada saludo, te hacía saltar las lágrimas; todos se fueron reencontrando y recordando su historia en “la otra realidad”, me quedo con los de Jin y Sun, Sawyer y Juliet y Charlie y Claire; pero sobre todo, con el de Locke. Un Locke que volvía a poder caminar y con esa sonrisa de buenazo suya no podía comprender que pasaba con Jack: “¿Es que no lo recuerdas?“.

Un Jack que, al igual que nosotros, no conseguía entenderlo, ¿qué narices era todo aquello? Un Jack que pese a haber comenzado siendo una persona totalmente racional comprende al fin que hay cosas que no tienen una explicación lógica tras una genial escena con su padre, donde se nos explica qué aquella realidad es una especie de parada de tren, donde todos se han reencontrado después de haber muerto para iniciar el siguiente viaje, todos juntos de nuevo. Un lugar donde no existe el tiempo, ya que cada uno ha ido llegando cuando ha ido muriendo. La amistad forjada en la isla los ha unido para siempre.

I’ll see you in another life brotha

I'll see you in another life, brotha

El final de un viaje en el que, como en todos los viajes realmente importantes, lo importante no es el destino, sino que lo que de verdad importa es el trayecto hasta llegar a él.

Por qué SI me ha gustado el final de Lost

SPOILER ALERT

  • Tensión He estado todo el tiempo pegado a la pantalla. Todo el capítulo doble la historia ha sido intensa y ha estado bastante bien contada (aunque no perfecto, y a pesar de los cortes de Cuatro)
  • Escenas La batalla en el acantilado y el concierto de piano a lo galáctica me encantaron
  • No ha sido “Los Serrano” what happened stays happened. El que os diga que todo ha sido un sueño no ha entendido el final.
  • La trama se CIERRA vale que han quedado cosas sin explicar, como por ejemplo los supuestos “poderes” de Walt, pero tras la muerte de Michael y el pseudo-final-feliz del niño viviendo con su abuela era de esperar que no le metieran de nuevo en la isla con calzador. Aunque son personajes muy buenos, a lo largo de las temporadas se han ido volviendo cada vez más secundarios.
  • Porque me da la gana