Despierto, pero a duras penas veo algo, me froto los ojos y poco a poco empiezo a distinguir las familiares formas del aula de teleco que tan familiar me resultaba. Las mesas, las ventanas, el infinito libro de Dispo-1, todo es como lo recordaba.
¿Pero cómo había llegado ahí? ¿Y cómo me había quedado dormido? No pude responder a estas preguntas porque el profesor empezó a impartir la clase con su velocidad de dicción tan característica.
Una mañana como otra cualquiera estaba yo tan pancho en la comisaría a punto de comerme un donut cuando nos llamaron avisando de que un autobús escolar había volcado en una carretera en medio del bosque. Varios policías salimos hacia allí, y al llegar vimos que el autobús estaba volcado sobre un costado, pero aparentemente no había riesgo de explosión o incendio.